She saved everyone but couldn't save herself.

viernes, 4 de septiembre de 2015

El infinito de la nada una y otra vez

Escribo porque tengo que hacerlo, porque fuera llueve y dentro también, porque el cielo está gris y mi alma también, porque los minutos pasan, las horas, los días, las semanas y los vacíos me abruman sin dejarme respirar. Me ahogo entre momentos que deberían importarme y no lo hacen, entre sentimientos que me desgarran el corazón y me cortan la respiración. Porque me arrastro y no sé cómo levantarme, porque me he tropezado y aún no he dejado de caer. 

Porque podría sangrar y me daría igual.
Porque a veces sueño con no terminar de cruzar la carretera.


Es como el silencio tras una catástrofe o el segundo precedente a un disparo. Es hueco, vacío, nada.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Vacíos que rompen las grietas de vida

Estaba hecha de vacíos, de huecos incompletos que cada vez crecían con más fuerza. Era como un pájaro sin alas, se arrastraba a los pies de todos los que la rodeaban. Era como una abeja en un otoño permanente, no del todo viva, no del todo muerta, simplemente quieta, esperando.

Lloraba lágrimas secas, gritaba silencios. Nadie la veía, nadie la sentía. Era nadie, nada.


miércoles, 8 de abril de 2015

Siempre me ha cautivado la belleza de los andenes

Nunca nada ha presenciado tanto amor y dolor a la vez. Cuántas lágrimas se habrán deslizado allí por donde pisamos, cuántos abrazos se habrán roto, cuántas manos se habrán separado con el último y sutil roce del dedo meñique o cuántas promesas de un futuro incierto se habrán hecho con la esperanza de volverse a ver. 

Andenes.
Esperanzas y sueños que florecen.
Andenes.
Pesadillas que terminan. 
Andenes.
Flores y lágrimas de felicidad en un día de primavera.
Andenes.
Miradas vacías que desaparecen.
Andenes.
Niños que ríen, adultos que lloran.
Andenes.
Bienvenidas y despedidas que van y vienen. 
Andenes.
Te quieros que vuelan con el último atardecer del verano. 


Andenes. Qué lugares, vaya. 

viernes, 13 de marzo de 2015

Respira, expira

A veces sangro. 
A veces respirar me pesa. 
A veces siento como si fuera a espirar por última vez y me pesan los pulmones, se hunden en una profunda sensación de vacío y plenitud a la vez. 
A veces imagino cómo es el último espiro antes de morir. 
A veces, el agua corre por mi cara, mis pestañas, mi boca y siento todas y cada una de las gotas posándose y deslizándose por ella. 
A veces está tan caliente que quema.
Así, a veces siento.
A veces escribo cosas que no tienen sentido y aún así tienen todo el del mundo. 
A veces me entiendo, la mayoría de veces no.
Hoy me odio. 
Tal vez mañana no. 
Tal vez mañana sí. 

lunes, 26 de enero de 2015

Cuando escribes y sangras con palabras

Cuando escribes, porque no te queda nada más.
Cuando escribes, porque estás harta de llorar, de gritar y de que no te escuchen.
Cuando escribes, porque estás harta de que las personas pasen a tu alrededor sin percatarse de que estás ahí, de que tú, estás ahí.
Cuando escribes, porque sentirse invisible ya no es una opción.
Cuando escribes, porque la garganta te arde de contener gritos que nadie escucha, que nadie percibe en el fondo de tus ojos.
Cuando escribes, porque no puedes hacer otra cosa.
Cuando escribes, porque lo necesitas, es tu vida, y no tienes otra forma de expresarte.
Cuando escribes, porque le quieres.
 Cuando escribes, porque le odias. 
Cuando escribes, porque no sabes qué sientes.
Cuando escribes, porque los susurro son gritos y las caricias, navajazos.
Cuando escribes, porque el alma te duele.
Cuando escribes porque no te queda nada.
Cuando escribes, porque sientes demasiado.
Cuando escribes, porque hablar no es una opción.
Porque sentir esto no es una opción.
Porque está mal.
Porque no debo.
Porque no.
Y punto.