Ardía como el fuego recordando los momentos que un día habían sido un sueño. Se consumía pensando como y cuando los días serían por fin claros. Los días pasaban, su vida avanzaba sin darse cuenta de que era lo que pasaba. Palabras vacías, palabras calladas que deseaban salir a gritos de un alma encadenada. La vida se le agotaba, los segundos pasaban y allí seguía sintiéndose encerrada, prisionera de los pensamientos que tanto la agotaban.
La vida pasó mientras las palabras ahogaban su encadenado corazón. Se fue, voló, su alma marchitó.